En 2024 comenzó el primer viaje de exploración por el territorio Zenú. La Fundación recorrió San Andrés de Sotavento, Ciénaga de Oro, Momil, Tuchín, Chinú, Berástegui, Cotorra, Cotocá, Castilleral, Sahagún, San Antero, Sincelejo, Purísima, Sampués y Tolú. Durante este recorrido se conversó con el cacique y con capitanes de diferentes cabildos para presentar la intención de la Fundación, escuchar sus orientaciones y comprender la realidad cultural de cada comunidad.




Este primer viaje permitió acercarse respetuosamente a las autoridades tradicionales y reconocer que cualquier proceso de revitalización debía nacer de la palabra, la autorización y la participación de las propias comunidades.


El segundo viaje estuvo dedicado a escuchar a los mayores, sabedores y maestros. La búsqueda se concentró en encontrar palabras ancestrales, relatos, expresiones, recuerdos y conocimientos que todavía permanecieran vivos en la memoria de la comunidad. Cada conversación permitió comprender que la lengua Zenú no había desaparecido completamente: muchas de sus huellas seguían presentes en los nombres del territorio, las plantas, los oficios, las costumbres y las historias familiares.




Los mayores y maestros confirmaron la ausencia de espacios para transmitir estos conocimientos. También ratificaron la necesidad urgente de revitalizar la lengua, los usos, las costumbres y los saberes ancestrales antes de que desaparecieran con quienes todavía los conservan.


En 2025, el camino llevó a la Fundación hacia los jóvenes de Ciénaga de Oro. Se visitaron los cabildos de Bugre, Barro Prieto, Berástegui, Laguneta, Playa Blanca, El Venado y Pijiguayal. El propósito era conocer qué pensaban las nuevas generaciones sobre su identidad y determinar si existía interés en aprender sobre sus raíces.




Las conversaciones revelaron curiosidad y disposición para acercarse a los saberes de sus abuelos. Aunque muchos jóvenes conocían poco sobre la lengua y las prácticas ancestrales, manifestaron interés en aprender mediante actividades participativas relacionadas con el barro, el tejido, la orfebrería, la naturaleza y la medicina tradicional.


Después de escuchar a mayores y jóvenes, la Fundación regresó para reunirse con los cabildos y autoridades tradicionales de Ciénaga de Oro, Córdoba. En este encuentro se presentó el plan de trabajo construido a partir de lo aprendido durante los viajes anteriores.




Se explicaron los cinco talleres propuestos: alfarería, tejeduría, orfebrería, entorno endémico y medicina ancestral. Los mayores aportaron recomendaciones para que cada actividad respetara la visión cultural Zenú y permitiera que los conocimientos fueran transmitidos desde la experiencia, la palabra y el hacer.


Una vez acordados los talleres, se realizó un nuevo recorrido junto con maestros, artesanos y mayores. En esta oportunidad, la mirada se dirigió hacia las materias primas existentes en el territorio y su relación con los oficios tradicionales.




Se exploraron el barro, las fibras, las semillas, las plantas medicinales, los elementos utilizados en la orfebrería y otros recursos naturales. Los mayores explicaron de dónde provienen, cómo se recolectan, qué significado tienen y de qué manera deben utilizarse sin romper el equilibrio con la naturaleza. Este viaje permitió preparar los talleres desde una visión cultural, pedagógica y ambiental.


En 2026 comenzó una nueva etapa. La Fundación regresó a las comunidades para seleccionar a los jóvenes que participarían en el proceso formativo. Después de las conversaciones con las familias, autoridades y posibles participantes, se conformó un grupo inicial de 16 jóvenes, con edades entre los 14 y los 18 años.




La selección no buscó únicamente reunir estudiantes. Su propósito fue reconocer a jóvenes con interés en aprender, escuchar a los mayores y convertirse en multiplicadores de los conocimientos dentro de sus familias y comunidades.

